lunes, 23 de mayo de 2011

Salva el Señor a los religiosos?

Soy religioso desde pequeño. …¿Iré al cielo?


A través de la historia se puede enumerar  cientos de maneras en las que los hombres han intentado satisfacer sus deseos y anhelos religiosos.  Los hombres han adorado al sol, la luna y las estrellas; la tierra, el fuego y el agua, ídolos de madera, piedra y metal, peces, pájaros y otros animales.  Han adorado innumerables dioses y espíritus que han sido producto de su propia imaginación pervertida. Otros han intentado adorar al verdadero Dios mediante una enorme variedad de sacrificios, ceremonias, sacramentos y cultos. Pero la ¨religión¨, por sincera que sea, nunca puede solucionar el problema del pecado del hombre, por tres(3) razones:

La religión nunca puede satisfacer a Dios. La religión es el intento del hombre para hacerse aceptable a Dios, pero tales intentos son inútiles, porque aun los mejores esfuerzos del hombre son defectuosos y, por tanto, inaceptables para Dios. La Biblia dice: ¨Todas nuestras justicias son como trapo de inmundicia. ( ). Quiere decir que todas nuestras buenas obras carecen de los elementos necesarios para agradar a Dios.

La religión nunca puede quitar el pecado.  Tus virtudes nunca pueden anular tus vicios.   Las buenas  obras no pueden eliminar las malas.  Si alguien se reconcilia con Dios, no es por obras, para que nadie se gloríe.  Ningún esfuerzo o experiencia (bautismo, confirmación, comunión, asistencia a la iglesia, oraciones, limosnas, sacrificios de tiempo y esfuerzo, lectura de la Biblia o cualquier otra cosa) puede quitar un solo pecado.

La religión nunca puede cambiar la naturaleza pecaminosa del hombre.  El comportamiento de una persona no es el problema, es sólo el síntoma.  El corazón del problema del hombre es el problema del corazón del hombre y, por naturaleza, el corazón del hombre está corrompido y depravado.  Asistir a la iglesia y tomar parte en ceremonias religiosas puede hacerse sentirte bien, pero no puede hacerte bueno. ¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie. (Job 14:4).

Algunas de las actividades religiosas antes mencionadas son, obviamente, ¨buenas¨ en sí mismas. Es correcto, por ejemplo, asistir a la iglesia, leer la Biblia y orar, porque Dios nos dice que hagamos tales cosas.  Pero no debes confiar en ellas para hacerte aceptable a Dios.  Amigo lector: Tú necesitas que Dios transforme tu alma; cambie tu corazón; haga de ti una nueva criatura.  Tu problema no es externo. Es la naturaleza de tu corazón lo que debe ser cambiado y esto solo puede hacerlo Cristo en tu vida si vienes a él, hoy, arrepentido.  Deposita en Él toda tu confianza de salvación. Él efectuó el sacrificio, el único sacrificio, capaz de borrar el pecado y perdonar la culpa.


Cómo puedo ser Salvo?



                                                                                                   
¿Cómo puedo llegar a ser salvo?


 Si existe en ti esta inquietud, es porque Dios la ha puesto en ti. Si Dios te ha mostrado tu necesidad,  y quieres ser salvo, entonces te diré dos cosas:

Debes arrepentirte. Esto significa un cambio completo respecto al pecado.  Debe haber un cambio de mente.  Debes admitir que eres un pecador y que tu pecado es rebelión contra un Dios santo y amante.  Debe haber un cambio de corazón: una verdadera tristeza y vergüenza por la vileza y suciedad de tu pecado.  Luego debes estar dispuesto a abandonarlo y cambiar la dirección de tu vid.  Dios nos desafía a hacer obras dignas de arrepentimiento.  Tienes que hacer esto.  Dios no te perdonará ningún pecado que no estés dispuesto a desechar y aborrecer.  Arrepentirse es caminar en  nueva dirección, buscar de todo corazón el vivir de una manera que agrade a Dios.

Debes tener fe en Cristo.  En primer lugar, esto significa aceptar que Jesús en el Cristo, el Hijo del Dios viviente, y que Cristo murió por los impíos.  En segundo lugar, significa creer que, en su poder y amor, Cristo es capaz de salvarte y está dispuesto a ello.  En tercer lugar, significa  poner de hecho tu confianza en Cristo., y sólo en Él, para reconciliarte con Dios.  Tu naturaleza pecaminosa y orgullosa luchará en contra de abandonar la confianza en tu propia ¨bondad¨ o religión.  Sin embargo, no tienes alternativa. Tienes que dejar de confiar en cualquier otra cosa y confiar solamente en Cristo, quien también puede salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios.

Si Dios te ha mostrado tu necesidad, y te ha dado este deseo, entonces vuélvete a Cristo: ¡y hazlo ahora mismo! Lo  mejor es que ores a El en voz alta: esto puede ayudarte a tener claro lo que estás haciendo.  Confiesa que eres un pecador culpable, perdido y desvalido, y con todo tu corazón pídele a Cristo que te salve y que tome su legítimo lugar como Señor de tu vida, capacitándote para volverte del pecado y vivir para Él.

La Biblia dice: ¨…Y todo aquel que invocare el nombre del  Señor, será salvo¨.  (Rom. 10:13) Si verdaderamente has confiado en Cristo como tu Salvador y ahora le reconoces como tu Señor !puedes apropiarte de estas promesas!






Un Llamado del Señor

La  invitación que no debes rechazar:

“Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar¨. (Mateo 11.28).

Cristo Jesús es un dulce salvador, invita a todos diciendo: ¨venid a mí¨… no es una exigencia a que cambies algo por tu esfuerzo, ni que te sometas a rituales religiosos.  Es una invitación a venir a él: todos; cuantas personas sean no importa, su sacrificio es suficiente.
Nuestro compasivo salvador se dirige aquí a los cansados y cargados.   Dos  cosas producen cansancio: a) intentar en tus fuerzas guardar los mandamientos (la ley de Moisés), porque siempre los encontrarás difíciles, complicados, demasiado exigentes para ti.
b) el continuo pecar, buscar placer en el pecado y la vanidad de este mundo y no hallarlo, las angustias y tropiezos en la vida, entre  otras cosas; llenan el alma de cansancio y hastió.
A todos los que así están, el Compasivo Salvador les invita: ¨venid a mí¨.
No solo a los cansados, sino también a los “cargados”.  El pecado en todas sus  formas: mentiras, envidias, rencor, maldecir al prójimo, venganza….cargan la conciencia de culpa, cargan al corazón de inquietud y desesperación, desaparece todo vestigio de paz.
Pero el Buen Salvador te invita:”venid a mí “para darte descanso.  El da reposo al corazón, a la mente, a la conciencia de todos aquellos que creen en él.  El purificará tu conciencia de obras muertas al darte perdón, al establecer la paz entre tú y Dios, si hoy vienes a Jesús.
Recuerda esto: Sólo Jesús puede darte descanso, tranquilidad y paz.  Es imposible que encuentres descanso en tu alma fuera del buen Salvador Jesús.
Hoy es el día de salvación para ti, amigo lector, ven a Jesús con, tus pecados, vicios, problemas y todo cuanto pueda agobiar tu alma; Él te dará reposo y vida eterna en su presencia.

G.W.R.



Hoy es el día de Salvación

¨…HE AQUÍ AHORA EL DIA DE SALVACIÓN
      2da de corintios 6:2
Muchas personas dicen: ¨ yo naci en esta religión´. Pero al abrir la biblia nos damos cuenta que:...en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.´ salmos 51:1).
Quiere decir que nacimos en pecado,  es la Herencia de nuestros primeros padres Adán y Eva. Estamos afectados por la maldad y el pecado desde lo mas profundo  de nuestra naturaleza, de manera que lo que hacemos es el resultado d lo que somos.
¿Cómo cambio mi situación?
Definitivamente tu religión no puede transformar tus adentros.Pero dios habiendo pasado los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan.
¡que gran misericordia! No tienes porque morir en ignorancia, dios te manda que te arrepientas porque al arrepentirte el borra todos  tus  pecados y te dará una nueva naturaleza y una dulce y eterna comunión con el.
Los religiosos del tiempo de Cristo los escribas y fariseos) creían que por ser religioso desde la niñez, por sus ayunos y por su conocimiento de las escrituras, ya tenían el cielo asegurado, pero Cristo le dijo: no; antes si no arrepentís, todos pereceréis igualmente. luc.13:3 
 Vuélvete y mira a Cristo, pídele que salve tu alma del pecado, que por su sangre te perdone…
                                                ¡El es el salvador!
                                                                      
                                                             C.D.R.

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jueves, 19 de mayo de 2011

El Señor no olvida a los suyos

¿ Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti    (Isaías 49:15)

     Entre las personas más fieles para con los suyos, se encuentra una madre; sin embargo, la historia nos confirma que algunas han abandonado su hijos, otras los han descuidado, otras los han entregado al cuidado de otros, etc.    Entre los  más fieles están también los hermanos, por cuyas venas corre la misma sangre; sin embargo, los hermanos de José lo vendieron buscando su mal.       No podemos dejar de mencionar entre los fieles a aquellos que nos deben algún gran favor; sin embargo, José hizo un inmenso favor al copero de Faraón, pero a pesar de este favor, el copero se acordó de José dos (2) años más tarde.
       ¡Qué decepcionante es para aquellos cuya esperanza está en otro ser humano!  Cualquiera te puede fallar, con intención o sin intención.   Lo grandioso es que el Señor nunca se olvidará de los suyos, siempre su mano compasiva estará dispuesta para ayudarnos.
       Es posible que pasemos un largo tiempo de escases, o un largo período de tribulación, o un largo período esperando la respuesta a una oración, o un largo período de enfermedad o cualquier otra cosa.  Pero hay una realidad que nadie puede opacar: El Señor nunca se olvidará de uno de los suyos.    Nuestros nombres están esculpidos en las palmas de las manos de nuestro Señor.    Nadie deja de ver sus manos, es la parte del cuerpo que más frecuentemente miramos, de la misma manera el Señor está continuamente pendiente de nosotros, nos tiene presente.
     Un niño se siente cuidado y atendido si su madre está parada frente a su cuna observándole.     La bendición de los que están en Cristo es superior, el mismo Señor está atento a cada aspecto de su vida, nunca se descuida porque nos tiene presentes.   Ni siquiera las puertas del Hades pueden prevalecer contra nosotros; en el Señor podemos estar confiados y sin temor.   Nuestra confianza en Él exalta la gloria de su fidelidad.    Descansemos, pues, en Él sin temor, Él sabe cuando calmará la tempestad.

El Señor mira la Aflicción de los suyos

2 Samuel 16:12  Quizá mirará Jehová mi aflicción,  y me dará Jehová bien por sus maldiciones de hoy.”

        ¡Cuán bendita es la condición del cristiano!  David, antes que nada, posee una fuerte convicción de la soberanía de Dios, todo su pensamiento y palabras derivan de esta santa convicción.  Dios mira la aflicción de los suyos, aun cuando hemos pecado, y nuestras aflicciones vienen como consecuencia de pecado, aun así, Dios mirará nuestra aflicción:
    Tú que me levantas de las puertas de la muerte,..” (Salmos 9:13)
“Porque has visto mi aflicción;
 Has conocido mi alma en las angustias.” (Salmo 31:7)

           Cuando Dios mira la aflicción de los suyos, El acostumbra revertir los efectos de la aflicción, El acostumbra dar bien en lugar de males, de aquello de lo que se espera lamentos, el hace que salga gratitud de nuestros labios.   Siempre debemos esperar hasta el fin de la aflicción para ver la misericordia del Señor.    Él es bueno y para siempre es su misericordia, veremos su bondad en la tierra de los vivientes y experimentaremos su misericordia al comprobar que no nos ha castigado como merecían nuestras faltas.
          Recuerda esto, sus ojos están sobre los fieles de la tierra (Salmo 101:6), por eso podemos responder al “quizá” de David con un “Sí” afirmativo. ¡Él mirará nuestra aflicción!  Por lo cual seámosle fieles aun a costa de gran esfuerzo; aunque nuestros enemigos planeen grandes males contra nosotros, nuestro Dios puede darnos Bienes en lugar de males.

Amamos a Dios?

Salmo 18
“Te amo, oh Jehová, fortaleza mía.”
         Uno de los hombres de Dios que más adversidad y adversarios enfrentó fue David.   Toda su vida fue una continua prueba, aun uno de sus hijos quiso e intentó matarle, otro quiso ocupar el trono antes de que muriera David.      Sin embargo, el Señor le libró de mano de todos sus enemigos.
          Al final de su prueba es cuando el salmista expresa a Dios estas palabras:            Te amo, oh Jehová…
         ¡Cuán grande sería la frustración de Satanás al oír estas palabras!  Sus dardos de fuego y toda su furia no pudieron hacer desaparecer el amor de David por su Dios.    
           Algunos hombres cuando pasan por muchos sufrimientos pierden las ganas de vivir, dejan de amar al prójimo y viven a la defensiva.      A diferencia de éstos, David prorrumpe con palabras con palabras jubilosas: “Te amo, oh Jehová.”
           La prueba avivó el amor de David por su Dios.   ¿Amas a Jehová?            ¿Se lo dices?   Cristo se lo preguntó a Pedro después de la prueba y Pedro le respondió: “Tú sabes que te amo”.     
           Quien se ama a sí mismo dice: “Yo solo quiero que Dios me conceda tener mi casa”, el que ama a Dios dice: Una cosa he demandado a Jehová…que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová… (Sal 27:4)
          Si amas a Dios, ésta, la casa de Dios, será dulce para ti.
          Oh, mi hermano, si estás en paz, ámale, si estás pasando por una prueba, ámale más; un día te librará de todas tus tribulaciones y cuando esto suceda, oro que Él encuentre en ti un corazón que le ama y le adora.   Amén.